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Llega el curso escolar y con el los piojos

Los farmacéuticos aconsejamos a los padres que, para ganarles la batalla, sigan las recomendaciones de los productos y de los profesionales.
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Llega el curso escolar y, con él... ¿los piojos? No nos equivoquemos.
Los farmacéuticos aconsejamos a los padres que, para ganarles la batalla, sigan las recomendaciones de los productos y de los profesionales.
 Luis Hernández, miembro de la junta directiva del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza, insiste en que no hay que desesperarse y en que el éxito a la hora de erradicar a estos molestos visitantes depende del buen seguimiento del tratamiento y de que la familia se mantenga alerta. Además, asegura que aunque suelen ser frecuentes entre los niños de Primaria o Secundaria, nadie se libra de ellos.
"Los padres deben examinar a los pequeños al menos semanalmente, por ejemplo, al bañarlos. Puede hacerse mirando la zona de la nuca, donde se ven con facilidad. Y hay que tener en cuenta que si el niño tiene, los padres no están libres de cogerlos", destaca.
El otro problema es el de cómo aplicar los productos. Tan malo es darlos antes de que se haya detectado el problema (se crean resistencias) como no seguir las instrucciones.
Un piojo puede aguantar tres horas sin respirar y dos días sin comer. Este artrópodo respira por unos pequeños orificios, los espiráculos, y cuando detecta agua, los cierra. Por eso, si no se moja el pelo de los niños antes del champú con la loción indicada, sino con agua, los piojos cerrarán sus agujeros y ya no entrará en ellos la sustancia destinada a combatirlos, que suele ser la permetrina.
También el tratamiento debe seguirse durante un tiempo concreto, pero mucha gente, al ver que sus hijos empiezan a mejorar, lo deja, cayendo en otro error.
Otro falso mito es el que induce a pensar que tienen piojos los niños con menor higiene. Es al revés, ya que estos insectos prefieren las cabezas más limpias, donde pueden avanzar sin 'obstáculos'.
Evitarlos en según qué edades es casi imposible. Los niños juntan sus cabezas al jugar, se intercambian los gorros o cuelgan su ropas unas al lado de las otras en clase. Y así estos insectos campan a sus anchas y pasan de un chaval a otro.
No obstante, hay que tener en cuenta que los piojos no son transmisores de enfermedades. Lo máximo que suele pasar es que la cabeza pica y cuando la persona se rasca se hace heridas que pueden infectarse. Así que no hay que alarmarse, solo tratarlos y mantenerlos a raya con vigilancia periódica de las cabezas.

Niños menores de 2 años


Estas normas sirven para casi todos los niños. No obstante, para los más pequeños (los menores de 2 años) es aconsejable seguir otras pautas. No es inusual que el farmacéutico les remita al pediatra, pero porque el cuero cabelludo de estos bebés es muy fino y es mejor evitar los insecticidas de otros productos.
Normalmente se indica que sean tratados con vaselina o aceites que envuelven al piojo en grasa, que son menos agresivos.
Marisa Espinosa, subdirectora provincial de Salud Pública del Gobierno de Aragón, indica que incluso usando solo una lendrera (un peine de púas muy juntas específico para el tratamiento anti piojos), suele ser suficiente.
La pediculosis no es una enfermedad de declaración obligatoria, y por eso no se tienen datos concretos de casuística en Aragón. No obstante, Espinosa vuelve a insistir en que no hay tratamientos preventivos y en que los colegios y las comunidades donde hay casos deben avisar para que los padres estén prevenidos y la erradicación sea más eficaz.
 

Fuente: Heraldo de Aragón